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viernes, 2 de marzo de 2012

Excursión a la nieve: Ještěd y Liberec


Después de 3 meses viviendo en Praga, por fin hemos salido de excursión fuera de la ciudad. No es que ya hayamos visto todo aquí, ni muchísimo menos, pero tanto hablábamos a nuestra compañera Zuzana de las ganas que teníamos de ver nieve, que ella y su marido acabaron por llevarnos de excursión.

El lugar elegido, fue Ještěd, una estación de esquí cercana a la ciudad de Liberec, muy cerca de la frontera con Polonia.

En poco más de una hora, nos plantamos en Ještěd y cogimos el funicular hasta el hotel-restaurante que hay en la cima. Este pico es uno de los más altos del país con nada más y nada menos que ¡1.012 metros! Sabiendo que Praga está a tan solo 300 metros sobre el nivel del mar, tampoco está tan mal.

Rodeados de esquiadores, llegamos a lo más alto donde una ventisca a penas te permitía levantar la cabeza. A pesar de ser las 11:30 de la mañana, nos metimos en el restaurante y pedimos la comida. ¡Empiezan a servirla incluso a las 11h! Como no habíamos desayunado, no nos importó, pero vamos que... ¡vaya horitas!

El restaurante no estaba mal del todo, pero lo que más nos llamó la atención fue que el curioso edificio con forma de corneta, esté protegido. De hecho los checos parecen bastante orgullosos de él. Además es posible pasar la noche en lo alto de la montaña ya que sobre el restaurante se encuentra el hotel de 3 estrellas con capacidad para unos 50 clientes. Los precios oscilan entre los 60 y 90 euros la noche.

Después de nuestro "brunch", comenzamos el descenso a pie ya que la ventisca había pasado. 
La idea era seguir una senda, pero había tanta nieve que resultaba imposible, así que comenzamos la marcha por la carretera. Señales de tráfico congeladas, coches con carámbanos de hielo y una pared de 2 metros de nieve a cada lado nuestro hacían que no parásemos de ir de un lado a otro felices como enanos.

Para nuestra alegría, conseguimos coger la senda en uno de sus tramos y disfrutamos del típico paisaje de cuento. Más valía ir por el reguero marcado por los caminantes anteriores, porque desviarse medio paso podía significar hundir la pierna hasta la cintura en la nieve (cosa que, por supuesto, ocurrió varias veces). Nos tiramos bolas de nieve, hicimos ángeles, nos rebozamos por el suelo...vamos, todo lo que habríais hecho vosotros si también hubierais estado allí.

Angelito ¿¿sin cabeza??
Menos mal que no se nos ocurrió ir durante la ola de frío porque habría sido imposible. En cambio, el día fue estupendo, con una temperatura excelente y hasta algo de sol cuando pasó la primera ventisca.
Una hora y media después llegamos al coche completamente felices. Jamás habíamos visto tanta nieve junta y mucho menos nieve tan virgen. Los copos que caen son tan ligeros que la nieve se acumula sin apelmazarse, de ahí que al pisar, se abran agujeros enormes y no haya más remedio que reírse del que se haya caído.

Después de un paseo y un té en Liberec (no hay mucho que resaltar en la ciudad), empezamos el camino de vuelta. Aire fresco y sitios nuevos. Justo lo que necesitábamos, aunque la comida nos cayera un poco pesada.



1 comentario:

  1. Que envidia!!! yo este año me he quedado sin ver la nieve, a ver si el año que viene que minizombi ya será un poco más grande nos acercamos a la sierra a jugar un poco.
    Como te va por aquellas tierras lejanas? cuando vuelves? saca un poco de tiempo y mandame un correillo anda guapa.
    Besos Bi!!!.... venga, para David también por cuidarte tanto!!

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